ELUCUBRACIONES
Clasificaciones
Suena el teléfono, una voz amable me pide que colabore en una encuesta:
Sexo mujer
Edad 47
Estado civil casada
Gracias, pero ya tenemos suficientes perfiles como el suyo, que tenga un buen día.
¿Qué sería de las personas sin las clasificaciones?
Por gustos musicales, por la comida, por clase social, por deporte, trabajo, edad,…
¿Por qué necesito saber si esa persona que comparte espacio tiene algo en común conmigo?
¿Y si soy solo yo?
Ni vegana, ni carnívora. Ni joven, ni vieja. Ni de izquierdas ni de derechas.
Pero… ¿sabría definirme sin una clasificación? Creo que con cada adjetivo que me cuelgo ya lo estoy haciendo.
Sin clasificarme, sin definirme y sin adjetivarme, quizá me funda con el cosmos… o
quizá empequeñezca hasta desaparecer.
Perfeccionismo
El perfeccionismo me sigue de cerca, pegadito a mí.
Es una vocecita de grillo en la oreja repitiendo:
“está bien, pero dale una vuelta”.
Es mi examinador preguntando:
“¿no encontraste un sinónimo mejor?”
Ningún trabajo lo doy por acabado,
de ninguna obra me siento orgullosa.
Mas qué sería de mi ansia de mejora, sin mi más incisivo enemigo.
Él me conoce bien y sabe hasta dónde puedo llegar, cuánto más puedo dar…
Y cuánto más de mis entrañas puedo sacar.
¿Quién soy yo?
Me extraña que aún preguntes:
¿por qué no te tiñes?
SOLO ES PELO.
Me sorprende que insistas:
¿por qué no te maquillas?
SOLO ES UNA CARA.
Me enfada tu obstinación:
¿por qué no te arreglas?
SOLO ES UN CUERPO.
Es evidente,
no te has esforzado en conocerme.
Yo habito dentro,
dentro de una armadura
que en ocasiones defiende
y en otras tantas limita,
pero nunca me define.
