
Dicen que tengo los andares del abuelo, la sonrisa de mi madre y de mi padre el pelo. Me comparan con la abuela en su manera de mirar, de hablar y su cara serena. Pero...hace tanto que no os escucho, no os veo, no os siento. Hace tanto ya que no recuerdo vuestros abrazos, pero sí vuestros consejos.
