Dicen que tengo
los andares del abuelo,
la sonrisa de mi madre
y de mi padre el pelo.

Me comparan con la abuela
en su manera de mirar,
de hablar
y su cara serena.

Pero...hace tanto
que no os escucho,
no os veo,
no os siento.

Hace tanto ya
que no recuerdo
vuestros abrazos,
pero sí
vuestros consejos.

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