
Todo empieza cuando abro la nevera, no falla... voy escogiendo verduras y su cuerpo se despereza. Pelo las cebollas y escucho sus pasitos por la madera. Después, al rallar la zanahoria, entra sigiloso en la cocina. No falla... al cortar el pimiento rojo su patita se posa en mi pierna. Él sabe que, si me mira con sus tiernos ojos, al final conseguirá la zanahoria, el calabacín y el pimiento rojo.
